Relación con: Capítulos Especiales Durante el siglo
XX la mayoría de los países latinoamericanos presenciaron,
en distintos períodos, regímenes despóticos que
coartaron las libertades de sus ciudadanos y manejaron la nación
a su antojo.
Aunque en la actualidad, toda América Latina (a excepción
de Cuba) cuenta con gobiernos democráticos, la mayoría
de sus pueblos aún conserva incauto el recuerdo de aquellos años
(en algunos países muy lejanos, en otros más recientes)
de dictadura.
Por lo tanto, resulta lógico que los literatos latinoamericanos
hayan reflejado la dictadura en sus escritos. Aunque muchos vean a los
escritores como seres extraños que viven en un mundo de fantasía,
la verdad es que muchos de ellos están más comprometidos
con la realidad de su época que cualquier otra persona.
A pesar de esto, cada vez que un escritor latinoamericano publica una
novela donde refleja el ambiente de una dictadura particular, viene
a colación una leyenda sobre una presunta apuesta (que se remonta
a finales de la década de los sesenta) que habría llevado
a importantes narradores a escribir novelas con este tema.
Otro de los recuerdos que viene a la mente es la invitación
realizada por el mexicano Carlos Fuentes y el peruano Mario Vargas Llosa
a sus colegas latinoamericanos para que escribieran historias sobre
dictadores de la región. La idea era reunir todas estas obras
en un gran libro titulado irónicamente "Los Padres de la
Patria".
Diversas circunstancias no permitieron el éxito del proyecto,
sin embargo, algunos de los autores invitados nos brindaron obras sobre
la dictadura en los años posteriores a la propuesta. Uno de ellos
fue el paraguayo Augusto Roa Bastos, quién escribió la
célebre obra "Yo, el Supremo".
Vida y Obra
Augusto Roa Bastos es uno de los escritores latinoamericanos más
importantes del siglo XX. Aunque forma parte del "boom latinoamericano",
la particularidad de su obra muchas veces no encaja en las características
de la literatura latinoamericana del siglo XX, por lo cual frecuentemente
ha sido marginado de este movimiento.
Lo que no se puede dudar es que si hay alguien que conoce los aspectos
negativos de una dictadura, ese es Augusto Roa Bastos. Nacido en 1917
en Asunción, la capital paraguaya, este escritor guaraní
tuvo que abandonar su país a los treinta años, amenazado
por la represión que el gobierno desataba contra los derrotados
en un intento de golpe de Estado.
Al salir de Paraguay se establece en Buenos Aires, Argentina. Allí
publica la mayor parte de su obra, pero en 1976 otra dictadura lo obligó
a abandonar ese país y se trasladó a Francia, dedicándose
a enseñar literatura y guaraní en la Universidad de Toulouse
le Mirail.
Al momento de exiliarse en Argentina, Roa Bastos ya había escrito
numerosas piezas teatrales y un par de novelas. Con estos antecedentes,
llegó a ese país, donde consolidó su condición
de narrador con relatos como "El Trueno entre las Hojas" (1953),
"Hijo de Hombre" (1960) y "El Baldío" (1966).
Pero sin duda alguna, la obra maestra de este escritor paraguayo es
la novela "Yo, el Supremo"(1974), en la cual recrea los últimos
días de la dictadura de José Gaspar Rodríguez de
Francia, expresando la rebelión y perseverancia del pueblo paraguayo
ante el tiránico régimen del mencionado gobernante, que
también era conocido como "El Supremo".
Posteriormente ha publicado otras obras como "Antología
personal" (1980), "Contar un cuento y otros relatos"
(1984), "Vigilia del Almirante" (1992), "El fiscal"
(1993), "Contravida" (1994) y "Madama Sui" (1996),
entre otras. Además ha realizado varias recopilaciones de cuentos
y escrito guiones cinematográficos.
A lo largo de su obra, Roa Bastos se ha caracterizado por recrear momentos
y personajes de la historia paraguaya, en ocasiones enriquecidos con
elementos de su propia experiencia. Igualmente, este escritor presenta
complejas referencias a la condición del discurso narrativo.
El poder como centro de su narrativa
Aunque en el conjunto de la amplia bibliografía de Roa Bastos,
la novela "Yo, el Supremo" puede parecer atípica, lo
cierto es que ésta no es la única vez que este escritor
paraguayo ha centrado su narrativa en la dictadura o en el poder.
De hecho, estas temáticas están presentes de manera explícita
en muchas de sus novelas, tanto las anteriores como las posteriores
a "Yo, el Supremo". Igualmente sus cuentos han presentado
ciertas manifestaciones del poder y la tiranía, convirtiendo
a estos dos temas en una característica
importante de su literatura.
El propio escritor lo reconoce cuando afirma
"el tema del poder, en sus diferentes manifestaciones, aparece
en toda mi obra, ya sea en forma política, religiosa o en un
contexto familiar. El poder constituye un tremendo estigma, una especie
de orgullo humano que necesita controlar la personalidad de otros".
Roa Bastos asegura que el poder trae como resultado
una sociedad enferma y la represión siempre desemboca en una
rebelión. Por tal razón, desde niño, siempre sintió
la necesidad de oponerse al poder.
Y es precisamente "Yo, el Supremo"
donde mejor se ve reflejada esta cosmovisión idealista del escritor
paraguayo. Esta novela es un relato de una de las grandes figuras de
la historia guaraní pero a través de la visión
de la gente, aquella que fue víctima de un gobierno tiránico.
En esta obra, el mérito de Roa Bastos
reside en el hecho de que su representación de José Gaspar
Rodríguez de Francia (el dictador paraguayo protagonista de "Yo,
el Supremo") contienen datos verosímiles y no cae en la
satanización del personaje, tal como ocurre en otras obras sobre
dictadores.
De esta forma, el escritor paraguayo logra presentar
una visión bastante realista de la dictadura de Rodríguez
de Francia. Es esta proyección tan acertada de la realidad y
la exitosa combinación de diversos elementos del discurso narrativo
lo que convierte a esta obra en una las más importantes de la
literatura latinoamericana.